La actuación docente, ante la familia y los adolescentes con capacidades diferentes.

La tarea docente de por sí, es intentar desarrollar las capacidades intelectuales, y físicas para que el adolescente logre una mejor inserción social, y ésta tarea es en general ardua en cualquier escuela secundaria común, pero tiene aristas especiales cuando en la institución hay adolescentes con capacidades diferentes y por ende familias de los mismos participando de la comunidad educativa que se conforma.

Aquí la figura del profesor/a, va tomando colores diferentes según las expectativas de los padres y el entorno familiar. Habrá quienes verán en el docente una especie de “sanador”, se aferran a la esperanza que el profesional docente logrará una suerte de magia y provocará el saneamiento de la discapacidad. Otros querrán transmitir sus responsabilidades propias a los docentes, porque no pueden sostenerse ante sensaciones de culpabilidad, y entonces necesitan “quien pueda” hacer lo que corresponda. Y en ocasiones incluso el docente será el elegido para orientar a toda la familia en cuanto a la educación que debe seguir el adolescente y en cierto modo tapando realidades que son incambiables.

En definitiva, el profesor, no se encuentra tan solo con un adolescente sino con sus padres y su familia, que no debemos olvidar también han “sufrido” una cantidad de procesos que sobrellevan más o menos, según su historia.

De este modo es digamos obligatorio que el docente tenga en claro su rol, sus límites y sus posibilidades.

Deberá entender que será muchas veces depositario de expectativas y fantasías, sobre el progreso de un hijo, hermano, nieto. Y que más de una vez buscarán contención en el docente multiplicando la tarea.

Por ello si bien se debe escuchar, mediar, atender, tampoco se puede actuar como si se conociese el supuesto saber perfecto, pues nadie por sí solo, puede responderlo todo, si no se hace así, será objeto de una idealización, lógicamente negativa. Nunca un docente podrá suplantar a los padres y menos en lo normativo-familiar.

Se puede procurar que se entiendan determinados sucesos formativos, educativos mostrar todo lo que puede el adolescente realizar, pero no por esto dejar transparentar siquiera, una panacea de ningún tipo. Dejar creer que hay métodos educativos que pueden “curar” ciertas cuestiones,  puede llevar a una falla moral y ética en el tratamiento con el ámbito familiar del alumno y con éste mismo.

Ocupar el lugar docente y ningún otro, correspondiente a los padres, familiares o profesionales médicos, hará que se pueda encarar mejor la tarea educativa y apreciar con mayor certeza la forma adecuada de encontrar caminos educativos, y hacerse preguntas sobre este tema sin dispersarse.

Quizás la mejor colaboración que se pueda hacer es ayudar a la familia a lograr la aceptación de la persona con capacidad diferente, a dejar de lado culpas, y negaciones y observar la vida como una oportunidad diferente de encararla, pero con futuro cierto. Y en un paso más allá, dejar en claro que juntos, un docente, los padres, familia, y el adolescente pueden crear un sistema colaborativo que los aúne en la procura de la mejor calidad de vida posible.

Web Master, Programa Piloto Despertar.

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