Sobre el concepto de normalidad, su genealogía.

¿Qué es la normalidad?, pues dígame en qué época vive y le contesto.

Ha variado tanto este concepto a través de la historia de la humanidad, que llegado el hoy es muy difícil establecer quién es dueño de tal normalidad, e incluso se pone muy intrincado el camino para ubicar los elementos que nos ayudarían a definirla. ¿Por qué esta problemática? Pues porque la sociedad “evolucionó”, y con ella fueron cambiando los prejuicios existentes, y desgraciadamente son estos, los que ayudan en gran manera a definir lo “normal”.

Aquello que es diferente se consideraba en la antigüedad como exótico, y despertaba imaginaciones y también el morbo, así lo no-normal, comenzó a ingresar en el orden de la fenomenología, y los “fenómenos” fueron como tales, marginados y discriminados de una sociedad humana que siempre de una u otra manera se ha querido considerar perfecta, al menos al mirarse al espejo, ante la otredad diferente.

Desde los principios de la historia, las malformaciones fueron hasta catalogadas, como muestran tablillas y dibujos rupestres, encontradas por ejemplo en Namibia; y filósofos apreciados por sus conocimientos como Aristóteles creían que los hijos deformes no deberían ser criados, mostrando ya ideas del luego conocido como Darwinismo Social, y la eutanasia, no debemos olvidar que para los griegos, los hijos y los esclavos eran parte de la “propiedad” y podían hacer con ellos los que consideraren aplicable.

En la Francia de Foucault y gracias a su libro Los Anormales, se considerará que la  creación de instituciones que aparten a estos de aquellos normales que se ven confusos y aturdidos por su presencia, marcan la creación de un concepto de monstruosidad adherida a estos sujetos. Mas esta creación conceptual es más cultural que real, es parte de los individuos que miran, pero que no ven.

Y estas concepciones culturales teratológicas, fueron generando por muchos siglos, temores, concepciones demoníacas, misticismos, pecados, que marcaron siempre la marginación del diferente y sus allegados, porque todo aquello que trastoque, que modifique de alguna manera la concepción social de la época, es desequilibrante. Sin embargo, poco a poco comenzaron a surgir voces que pusieron en discusión qué define lo “normal” de lo “anormal”, y por sobre todo algo más importante, quién lo define.

Será Sigmund Freud, quien en 1919, marque la idea del temor que marca lo diferente, la inquietud que genera, y dará pie a que colegas suyos, vayan construyendo ideas más consistentes sobre la discapacidad y lo que genera socialmente y familiarmente, porque quien posee una capacidad diferente, quiebra ciertos espejos en los que queremos vernos, y generan inquietudes interiores, que podríamos traducir en miedos, y terrores; que provocan negaciones, rechazos, huidas de la realidad; y del miedo al rechazo, no hay mucha distancia.

Lo relatado llevó a la creencia que el discapacitado, se encuentra prácticamente en un limbo, en un límite indefinido, hasta el punto de plantearse más de una vez, si están dentro de lo humano, o no. Por lo que encerrarlos, apartarlos de la sociedad o como en la Alemania Hitleriana, practicar la eutanasia o la esterilización forzada, fue tomado como una reacción lógica de una sociedad “normal” en busca de una mejor y acabada, perfección. Desde ya tampoco fueron buenas ideas el mostrar a los diferentes en una especie de circo, o feria, ese acercamiento no producía ninguna reacción humanista, todo lo contrario, marcaba más fuertemente la fenomenología de la diferencia.

Larga ha sido como se ve, y sigue siéndolo, la ruta hacia la verdadera humanización de la visión social sobre las capacidades diferentes, los prejuicios siguen, los temores, las inquietudes, las tendencias a actuar más por lástima, por solidaridades culposas, por apariencias; los apartamientos de siempre, aunque en forma más soslayada, más estratégica.

Mucho queda todavía por hacer, para entender que sí, que hay que intervenir en muchas cuestiones desde lo médico, desde lo científico, pero que si la lucha no termina con la integración posible de cada sujeto con capacidad diferente en un espacio social que favorezca su independencia y su búsqueda de la felicidad, el avance no es completo y entonces habrá que seguir caminando hasta despertar, porque como la normalidad es un concepto subjetivo, que depende de nuestra experiencias, edades y otras variables de vida, sería justo, ni siquiera intentar medirla por medio alguno, y solamente respetar la existencia del otro.

Web Master, Proyecto Piloto Despertar.

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