El Bullying y las Capacidades Diferentes.

En los tiempos que corren, una escuela que desee ser integradora, enfrenta una problemática extra, que puede realmente complicar y hasta obstaculizar o detener la inclusión escolar de los alumnos con capacidades diferentes. El bullying o acoso en la escuela, crea un proceso donde el alumno queda expuesto a acciones negativas, que van desde la intimidación, al maltrato físico o psicológico de uno o más compañeros o ante la pasividad de estos.

Es verdad que aunque parezca extraño en estos días algunos centros no tienen conocimiento sobres estos casos, y más en los alumnos con capacidades diferentes, pero en estos últimos el acoso suele terminar con el abandono escolar, o una baja en las habilidades sociales, e incluso crea o agrava situaciones de ansiedad, depresión y hasta aspectos físicos.

Las causas revisadas muchas veces en artículos y artículos suelen ser varias, la falta de comunicación en las familias, la carencia de empatía, pobres relaciones interpersonales, prejuicios varios, violencia social, o el rechazo y/o temor a la diferencia y por qué no también la ausencia de una “autoridad afectuosa” en la infancia.

Cabe recordar que fue Dan Olweus quién estudió y dio nombre de bullying (intimidación) a esta situación que hoy es acuciante mundialmente, a pesar que Olweus comenzó a analizar situaciones de este nivel en los años 70’; lo que preocupó y llevó a sus estudios en los países nórdicos a este psicólogo fue la desproporción cercana al sadismo de determinados actos de acoso, y a la vez el desinterés de docentes y familias al respecto, como si careciera de importancia alguna, y solo fuera una parte del crecimiento normal de un niño o adolescente.

El bullying es una persecución física y/o psicológica, hay una víctima escogida, los ataques son repetitivos y van creciendo en tiempo y forma, hasta acorralar a la víctima elegida, ésta difícilmente pueda salir por sus propios medios de este acorralamiento, y por supuesto esto afecta en forma muy negativa, destruyendo la autoestima en forma sistemática del acosado; ni hablar que cualquier rendimiento escolar se nulifica.

Hasta entrados los 80’, al igual que la violencia de género, no se comenzó a tomar conciencia de los graves hechos que ocurrían, ni a buscar, metodologías, y normas prácticas y/o legales sobre el tema. Más el bullying se propagó igualmente por Europa, Estados Unidos, y Canadá hasta ocupar lugares desgraciadamente privilegiados en Hispanoamérica y el resto del mundo. El enemigo acostumbrado, el acostumbramiento social, contribuyó a que se piense que esto es algo inevitable, y hasta normal.

En muchos lugares, los niños y adolescentes con capacidades diferentes han conformado un colectivo propicio para este tipo de humillación precisa, concreta y premeditada. Es evidente que hay una situación completamente asimétrica, que es aprovechada dolosamente, existe un desequilibrio físico o emocional, que impide cualquier tipo de defensa.

A esto se han sumado como ya es sabido los acosos a través de tecnologías, denominado ciber-bullying, hasta el punto que resulta “atractivo” el filmar estos acosos, para luego ser subidos a las redes sociales. Las cifras hablan que en el mundo un promedio de 20% de alumnos han sufrido bullying, y al menos un 15% acepta haber intervenido en un acoso de este tipo. Y lamentablemente un alumno con alguna capacidad diferente notoria o no, diagnosticada o no, tiene un 50% más de posibilidades de sufrir acoso. Y las cifras mundiales también aclaran que las autoridades escolares, o cualquier otro medio solo tiene acceso a resolver a tiempo, un 4% de los casos de bullying, por un lado por la inercia ante los hechos que se consideran poco importantes, en otras por los silencios cómplices del alumnado, y también por la falta de atención familiar ante las reacciones del acosado.

Es evidente que los contextos sociales, familiares, mediáticos, son los que van fraguando en el acosador la necesidad imperiosa de hacerse de “poder” y mostrarlo al resto de su grupo de pertenencia, seguramente, su “enfermedad” también existe, pero, es de otro estilo, es más una enfermedad social, es la carencia de valores, de ética, de empatía, que si bien toma de su entorno, también puede estar inserta en su propia personalidad. Mas como se le suele dar como recompensa por sus pares un más que dudoso “prestigio”, no tiene intención de cesar en sus conductas y al contrario avanza en procurar mayor placer en su empoderamiento equívoco.

Como resultado tomar toda prevención es poca, todo diálogo, toda metodología, toda actividad socializadora, pero convengamos que no es un tema fácil de combatir, se ha insertado en la población joven como algo natural este tipo de accionar. Y las normas de muchos países, leídas detenidamente, dan más opciones y derechos al acosador que protección y seguridad al acosado. Se dan casos en el que se recomienda al acosado a cambiar de establecimiento, y el acosador queda dueño del campo de acción para continuar con sus prácticas tan solo con un trabajo de reflexión sobre sus acciones, pero, en realidad las acciones tendrían que ser más tendientes en recuperar la socialización real del acosador y si es necesario con la intervención de profesionales acordes al tema.

Curiosamente se ha formado una sociedad donde los jóvenes y los no tan jóvenes tiene más empatía, por el acosador al que buscan justificar de muchas maneras, que con el acosado, al que llegan a culpar por lo sufrido, no ven en él a una persona que fue destruida sistemáticamente, físicamente tal vez, pero por sobre todo psicológicamente, y lo tildan de cobarde o débil; aplicando así un darwinismo social al extremo, llevando a la realidad que solo los más fuertes, los más depredadores, merecen sobrevivir.

No podemos como adultos mirar hacia otro lado, seamos padres, educadores, informadores, tan solo por ser adultos, deberemos comprometernos a recuperar ciertas cuestiones sociales, no basta hablar o escribir de derechos humanos, crear leyes, debemos buscar la forma que estos sean parte de una realidad social y sin excusas de ningún tipo.

Buscar el cambio real, y despertar, no queda otra.

Web Master, Programa Piloto Despertar

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