Análisis de la profesión docente y el reto de la integración de las capacidades diferentes.

Estamos desde este humilde lugar, como otros en los suyos, luchando hace unos años en nuestro país y en el resto del mundo para que aquel alumnado con capacidades diferentes pueda y deba ser integrado a los diferentes niveles de la educación, atendiendo a la diversidad de casos, intentando que los docentes se pluralicen en sus funciones, solicitándoles siempre un poco más, incluso en cuestiones que lamentablemente no fueron capacitados, ni siquiera debidamente orientados durante su formación profesional.

Y esto es recurrir a la voluntad, a la profesionalidad, pero también es una exigencia que a veces se traduce en mayúscula, y provoca desequilibrios en lo personal a algún docente y esto hay que prevenirlo también cuando se intentan proyectos o programas de integración, aceptar la diversidad, es incurrir en cambios que no todos están debidamente preparados para llevar a cabo o incluso soportar emocionalmente, y entonces es el docente en sí, el que debe ser atendido de diversas formas para evitarle un malestar que determine alguna enfermedad que lógicamente no es lo apropiado para el buen cometido de un programa de integración.

La docencia es un servicio, que implica entre otras características, tiempo, esfuerzo, habilidad, creatividad, y un grado de capacitación constante para su ejercicio efectivo. Es una profesión que cubre necesidades sociales imprescindibles, necesidades humanas impostergables para un futuro de una ciudadanía válida, con fortalezas para generar bienes comunes. Sin embargo, los docentes como personas humanas, son también diversos, y viven las situaciones a los que son sometidos, según sus cúmulos de experiencias propias, son el resultado de una historia personal y única. Por ello el docente como persona tiene que tener una conjunción apropiada con su puesto de trabajo y la organización donde ejerce sus actividades. Si esto no se produce, nacen situaciones de estrés perjudiciales para todo el conjunto.

Este estrés laboral también conocido como el síndrome de Burnout, provoca reacciones de diferente tipo, tanto emocionales como fisiológicas que pueden incluso tener implicancias cognitivas. Las tareas docentes conllevan tener capacidades para lograr objetivos como ser guiar, dirigir, orientar y/o facilitar condiciones para que cada alumno/na a su cargo logre los niveles deseados según sus propias capacidades. Pero, no debemos olvidar que también hay un entorno de cuestiones en la vida docente, que van desde un salario acorde, a el reconocimiento y/o prestigio social, qué autonomía tiene para su actividad, y hasta las relaciones afectivas que va tejiendo con alumnos, padres, pares y el resto de la comunidad educativa. A su vez, es una exigencia propia de la profesión el ser una persona social, con cierta imagen moral, cristalina y eficiente; todo esto también se suma creando ciertas fatigas emocionales, y en algunos casos llega a influir en la vida privada, dado que implica mantener cualidades sociales, disminuye tiempos con la familia, y sus compromisos se ven aumentados, en tiempo y forma. Desde ya, también tiene que adecuarse a las normativas y exigencias del sistema y política educativa de turno.

Como se puede vislumbrar ante lo expresado cuando un docente suma a sus roles el de atender  la integración de alumnos con capacidades diferentes en la escuela (en este caso nivel de secundaria, pero válido para otros niveles), no basta muchas veces la voluntad, y hay que generar soportes para este docente, para también guiarlo en el sostenimiento de esa voluntad convertida en acción positiva.

Si analizo mis propias encuestas, en mis recorridos como viajero educativo, y en las que se me han acercado por escuelas que se fueron y van sumando a este Programa Piloto Despertar, las cifras dan ciertas ideas de cómo estamos parados ante los roles docentes; un 48% manifiesta que no les genera ningún malestar la presencia de capacidades diferentes en sus aulas, un 8% por el contrario manifiesta que les genera bastante malestar esa presencia; al 44% restante, le resulta indiferente o marca el consabido no sabe/no contesta.

Curiosamente, cuando se cruzan estas respuestas con los grados de estrés que sienten dentro de la profesión, los porcentajes dan muy parecidos, un 47% dice no tener problemas en este sentido, contra un 12% que manifiesta tenerlos en diversos grados.

Ciertos grados de estrés están muy ligados a descontentos con las propias escuelas en que realizan sus labores, y otros contra políticas educativas, o sistemas gubernamentales que no se comparten.

En cuanto a los que contestan el famoso no sabe/no contesta, también suele estar unido al hecho que no han pasado por sus cursos alumnados con capacidades diferentes, o simplemente desconocen totalmente el tema, por una formación que persiste en conformar profesores para alumnos/nas perfectos, y hasta homogéneos, que desde ya y por suerte es un mito, y que lentamente pero firmemente va desapareciendo.

Visto lo anterior, las pautas que mejorarían los grados de estrés percibidos, y crearían una mejor recepción a las capacidades diferentes se podrían resumir sucintamente en:

1)      Un replanteo en la formación de profesores, que replantee y rectifique ciertos enfoques no acordes a nuestro hoy, ni a nuestras necesidades como comunidades. Es importante analizar la personalidad del futuro profesor, y no solo sus cualidades intelectuales. No puede pasar todo por enseñanzas descriptivas que solo generan ansiedades por el devenir profesional. Adecuar constantemente todos los contenidos a las realidades del aula, a la vivencia directa que en ellas se vive, y no a supuestos inexistentes. Aumentar las prácticas, que deberían ser desde el principio de los estudios de un profesor y no en el tramo final, asegurando así, que el docente tiene real interés en la profesión que encara como estudiante.

2)      No olvidar jamás que no solo el profesor tiene que hacer un esfuerzo en su formación inicial y en forma constante,  que también las organizaciones, y los entes privados y estatales, deben adecuarse a los cambios no solo normativamente, sino dando medios, recursos reales, y apoyando la innovación, la cooperación real, y por qué no, también la sociedad debería comenzar a aumentar no solo sus exigencias sobre las instituciones educativas, o las presiones sobre los docentes, sino también su apoyo, su acompañamiento, su entender que por un lado la escuela no lo puede todo en forma aislada y solitaria por abandono o incomprensión, y que también esta profesión loable de educar, no puede convertirse en un imposible de realizar, o en camino de extinción.

Este Programa, sigue buscando la forma de incluir las capacidades diferentes en la escuela secundaria, impulsando el cambio en los docentes hacia nuevas maneras de ver las cuestiones educativas, y por ello aplaude a los que se atreven, y también les dice que se cuiden, que busquen ámbitos distendidos para encarar esta labor, que sean colaborativos, y practiquen la resiliencia en forma constante.

Gracias a los que se han atrevido a despertar, a no temer la realidad, y sobre todo a acuñar nuevas monedas de cambio en el mercado de lo imposible, que termina siendo para sorpresas de muchos, más que posible.

Web Master Programa Piloto Despertar.

 

 

Anuncios

Un pensamiento en “Análisis de la profesión docente y el reto de la integración de las capacidades diferentes.

  1. Pingback: Análisis de la profesión docente ...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s