Y serás padre…

Para saber que eres padre, no necesitas ver una prueba de embarazo, ni una ecografía, no es un análisis de laboratorio lo que te dirá que ya eres padre. Lo sabrás cuando sucedan cosas en tu vida, que te lleven a comprender que tienes un nuevo papel en ella.

Comenzará cuando sientas la felicidad de sentir en tus brazos ese pequeño retoño que te asegura que ya no podrás morir, porque tienes una continuidad en la vida, cuando sientas ese latido contra tu pecho, y sepas que has dado vida, desde tu vida.

Te enterarás más profundamente de esto, cuando ya no puedas dormir de noche tan tranquilo como antes, porque un llanto en la madrugada te hará saltar el corazón y salir presuroso a ver qué le sucede a tu retoño, tendrás ojeras perfectas, pero volverás con satisfacción a la cama un rato más cuando te asegures que todo está en calma y bien.

Serás padre cuando tú también tomes el cochecito de paseo, hables como tonto, y hasta le digas cosas que no puede entender, pero es que estarás apresurado para contarle sobre la vida, sobre lo que debe cuidarse, sobre lo importante que es para ti, para su madre, y sin querer le irás aplicando toda una filosofía de vida; mas él también te enseñará, cuando desde tu lado veas su asombro por las pequeñas cosas que descubre y que tú ya no miras siquiera, y entenderás que te muestra el mundo al cual has ayudado a que venga a entregarte la renovación del asombro por reconocerlo.

Sabrás que eres padre, cuando corras por la medicina, por su fiebre, al llevar nota precisa de sus vacunas, cuando tocan, cuantas van; cuando el silencio te asuste y te acerques a su cuna para controlar su respiración, y suspirarás de alivio, cuando la verifiques, y hasta reirás por sus posiciones locas para dormir, tal cual lo haces tú mismo cada noche. Y qué decir de cuando sus labios digan por primera vez Papá, o cuando ría como loco al lanzarlo por los aires, con esa risa nerviosa, pero que cuando dejes de hacerlo pataleará para que lo vuelvas a lanzar a su peligrosa hazaña de volar unos centímetros por el espacio, sabiendo que tus manos seguras, estarán allí para sostenerlo.

Y un día dará los primeros pasos y tendrás todo el orgullo, tu hijo va camino ya a querer buscar su destino, apenas comienza, pero allí va. Y luego correrás tras la bicicleta para que no se caiga y lastime, pero aún con un nudo en la garganta no dejarás de gritarle, pedalea, hijo pedalea…quieres, deseas que aprenda a ser fuerte, que nada lo rinda, que pueda comenzar un camino que lo lleve más allá de todo horizonte.

Y vaya orgullo cuando de tu mano ingrese a la escuela por primera vez, cuando te hagas el fuerte y el que no pasa nada, cuando lo veas casi llorando a pesar de tantas cosas que le has dicho para que vea ese momento como maravilloso, y partas como si nada, pero dentro tuyo tu alma llore a pañuelo suelto, pero sabes que debe aprender a compartir la vida. Y cuanta veces a partir de entonces te muestre sus garabatos, le dirás maravillas como si fuera un gran pintor en ciernes, y sentirás la felicidad cuando te abrace como agradeciendo tus elogios, y la confianza que le des, sea a la vez tu fortaleza para seguir existiendo.

Y tendrás que tener tiempo, mucho, y tendrás que encontrarlo, porque él necesita de ti, para todo, para ir al circo, volar una cometa, o jugar a la radio, o guerras de soldaditos de juguete, o quizá hacer navegar el gran barco del temible Pirata, venido a barquito de papel en aguas turbulentas de cubeta; y hay tanto para escuchar, y tanto para caminar con su manita en tu mano, que sí, necesitarás mucho tiempo para dedicarlo a la vida.

Y escribirás cartas a Santa, a los Reyes, y tendrás que esperar que duerma para alimentar la magia. Y también le enseñarás a rezar, para que sepa obtener más fortaleza en el mañana cuando las cosas no le vayan tan bien. Estarás a su lado, allí de una u otra manera lo estarás, cuando sea adolescente, tratando de prever las cosas, de llegar a tiempo con un consejo adecuado, de hacerle saber que tú también puedes ayudarlo en esos cambios y cosas nuevas que le suceden, que aún sigues allí.

Y lo verás avanzar y un día partir con sus amigos diciéndote luego Papá porque me están esperando, y de pronto te estremecerás, porque el día que parecía tan lejano, ha llegado, y aunque sientas que es la vida, que para eso fue todo, que la independencia era lo que querías para él, sentirás el precio de ver su despegue hacia su propia vida. De pronto te sentirás con años encima. Mas seguirás estando allí, entre lejos y cerca, mostrándote siempre para que sepa que nunca estará solo, buscando la forma y las excusas para enterarte de cómo está, cómo le va con sus estudios, con su trabajo, con sus deseos, con el amor, con la vida, y cada tanto como al pasar dejarás deslizar tu mano sobre su cabello, en una caricia rápida, casi como una broma, en un gesto protector.

Y un día partirá para armar su vida, quizás más lejos de lo que pensabas, solo o ya con alguien, y entonces el teléfono o la Internet, serán la forma para saber más sobre tanto que quieres enterarte, pero callas preguntar, respetando silencios, porque para esto fueron tantos años dados para que pueda ser, hacer, vivir y decidir.

Y entonces ya siendo padre, reconociéndote como tal, entenderás que nadie te enseña a serlo, que no hay libro mágico, ni especialista, ni programa de televisión, que haya podido enseñarte lo que estaba dentro tuyo y tenías que descubrir, y entonces también tendrás felicidad a pesar de que aún tengas nostalgias cuando veas sus primeros zapatitos que guardas en el armario en una caja, porque tuviste la más maravillosa experiencia que se pueda tener, sí, has sido, eres… padre.

© Prof.Lic. Pedro Roberto Casanova.

Padre

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3 pensamientos en “Y serás padre…

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  2. Me ha emocionado mucho su texto, amigo. Los que somos madres/padres nos hemos visto bien reflejados en él.
    Lo que no sabía es que tenía ese don para contar las vivencias que se sienten en ese acompañamiento de por vida. Ha sabido, a través de esos hitos vividos junto a los hijos, tocar todas las fibras del sentimiento paterno-filial.
    Un placer leerle, estimado compañero de viaje, un viaje en el que como bien dice, seguimos inmersos desde que decidimos traerlos al mundo.
    ¡Que disfrute del camino!

    • A lo mejor nos unen los mismos caminos recorridos, y no cuesta tanto contar algo, si es que se ha vivido intensamente, etapa a etapa, y sí que lo he disfrutado y disfruto, que así sea para todos los que creemos en una paternidad desde el sentimiento responsable. Muchos cariños mi estimada compañera de viaje en estas aventuras de conocimiento y reconocimiento humano.

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