Lic. Roberto Horacio Casanova: Consumismo y discurso capitalista: una lectura Psicológica Jurídica – Clínica de un modelo perverso

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Toda sociedad civilizada cuenta con algún tipo de ley, ya se escrita o verbal. En todo caso crea límites, demarca lo prohibido y su respectiva sanción o castigo. Pero a su vez, son las mismas sociedades y sus grupos de poder quienes imponen lo normal y lo anormal dentro de sus discursos. Es a través de los códigos civiles y penales el modo en que se regulan las conductas de los individuos. Pero debemos tener en cuenta que ninguna ley es inocente, que responde a una lógica y discurso que lo sustenta. Las leyes si bien buscan proteger y resguardar derechos, muchas veces crean directamente e indirectamente a aquellos sujetos “anormales” que luego se encargarán –a través de otras normativas- de encerrar y etiquetar con titulo de trastorno. Esto es a través de un proceso de medicalización y tutela judicial de una supuesta disfunción, a la cual muchas veces el sistema mismo empuja, sostiene y luego busca curar y sancionar. Se observa lo perverso de un sistema capitalista – positivista que destruye y reconstruye a los individuos. Y esto no solo se puede pensarse desde el área jurídica o forense; también desde ciertos problemáticas clínicas –como los trastornos alimentarios- en la que la psicología aporta su saber y donde visibiliza este proceso de construcción del supuesto “anormal”, que luego el sistema jurídico se ocupa de normalizar.

Estamos viviendo una ilusión, ilusión sostenida por el discurso capitalista, un modelo de la apariencia, en el cual se nos presenta un mercado donde todo está disponible para consumir instantáneamente, sin límites ni medidas. Producción constante de objetos a disposición permanente para su consumo, góndolas infinitas que ofrecen en demasía, sin dejar lugar y posibilidad para poder reflexionar que se desea realmente.  Una arquitectura que pareciera ahorrarle al sujeto todo lugar al anhelo e inquietud por el vacío.  Este estado de cosas nos invita a reflexionar si hoy en día queda  hueco alguno para posponer el goce, si ya no podemos pensar en ideales, frente a la oferta que nos invita al goce constante: “asignarle un sentido a la falta, a la renuncia, se vuelve cada vez más dificultoso. El imperativo social se ha convertido en un imperativo categórico: ¡Goza!”.(Slavoj, 1994)

En relación a esto, se hace presente en el discurso anoréxico – bulímico una constante referencia al valor de un cuerpo digno de mostrar, delgado, que no sea deforme. Valores que nuestra sociedad ejerce con presión sobre sus integrantes, moldeando un ideal que gira en torno a las formas delgadas y a la imposición de lo delgado como lo bello, lo perfecto, lo que se considera atractivo, lo que debe gustar a quien contempla. También se hace presente el uso y búsqueda de dietas que la guíen hacia dicha delgadez  y  sesiones excesivas de gimnasio que refuercen este fin.

Entonces, ¿podemos pensar en libertad de elección en una sociedad que hace del cuerpo delgado el modelo a seguir? Nos referimos al modelo que se anhela, el modelo que camina por las pasarelas de los desfiles de moda, donde se observan cuerpos demacrados como oferta de lo bello, de lo que se debe consumir, de lo ideal.

No es nada nuevo confirmar que el ideal estético de nuestra sociedad se ha transformado en los últimos años. Como ya se dijo más arriba, la imagen de un cuerpo cada vez más delgado fue tomando el podio de lo que se considera bello y atractivo. Muchas personas que padecen estas problemáticas en cuestión llevan a cabo un proceso de significación del cuerpo, por ejemplo, de la mujer, donde ya no se presiona a través las vestimentas y telas que deben cubrirla, sino que pareciera que esto queda de lado, para tomar relevancia la mostración del cuerpo mismo como en un mercado. El cuerpo desnudo, libre de ocultamientos, un cuerpo que es expuesto en todo momento a la mirada del otro y se reconoce a través de esa mirada misma.  Entonces, el cuerpo de la mujer es puesto en escena en todo el discurso social que nos atraviesa, sus funciones, sus lugares, sus posibilidades, ya no posee casi secretos, es mostrado a toda hora en propagandas, en los medios de comunicación. Y es la misma sociedad quien no se olvida, en la búsqueda de ese cuerpo de la perfección, de poner a disposición las herramientas para lograr esa meta, lo hace a través de incontables dietas, medicamentos, psicofármacos, laxantes, diuréticos, gimnasias y una gran oferta de cirugías mal llamadas “estéticas”.

Si bien por cuestiones teóricas y prácticas la psicología realiza divisiones en sus aéreas de trabajo, por ejemplo Psicología Jurídica o Psicología Clínica –educacional, institucional, etcétera-, no se debe dejar de lado el hecho de que la lectura clínica atraviesa todo campo de inserción. Si bien la Psicología Jurídica / Forense / Criminal, se ocupa de auxiliar al Derecho cuando este no tiene argumentos suficientes para arribar a una verdad, no debemos olvidar que la base distintiva de la psicología es el estudio del comportamiento humano y el método clínico, la observación una de sus principales herramientas. Los psicólogos debemos ir más allá de una lectura de lo intrapsiquico, debemos observar variables del ambiente, de la sociedad, de la cultura, las normativas e historia del sujeto para así poder entender mas acabadamente sus motivaciones y comportamientos.

Fuente: http://menteca.com/2015/04/20/consumismo-y-discurso-capitalista-una-lectura-psicologica-juridica-clinica-de-un-modelo-perverso/

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3 pensamientos en “Lic. Roberto Horacio Casanova: Consumismo y discurso capitalista: una lectura Psicológica Jurídica – Clínica de un modelo perverso

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  2. ¡Excelente análisis de la cuestión!
    Como siempre las mujeres en desventaja en el mercado de consumo, ¡ya sería hora de cambiar eso!
    Abrazos, W.M.B 🙂

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