Guía de intervención en el aula para alumnos con epilepsia

MÓNICA GARCÍA ESTABLÉS
VÍCTOR DEL TORO ALONSO
ANDREA UCEDA ALONSO
Fundación Síndrome de West
…”Presentamos esta Guía con el objetivo de dar a conocer el Síndrome de West y otras Encefalopatías Epilépticas, así como para orientar, apoyar y facilitar la tarea a los maestros y educadores que en sus aulas trabajen con algún niño afectado por la epilepsia…”

50 Respuestas sobre las crisis de la epilepsia y la epilepsia

Guía destinada a personas con epilepsia y a sus familiares
Juan Carlos Sánchez Álvarez
Neurólogo
Hospital Universitario Virgen de las Nieves
Granada
Juan Galán Barranco
Neurólogo
Hospital Universitario Virgen de Valme
Sevilla
Pedro Serrano Castro
Neurólogo
Hospital de Torrecárdenas
Almería

“…En el manejo de la epilepsia se ha trabajado a ciegas durante décadas por diferentes motivos. Si comenzamos por alguno de ellos, y quizás el más obvio, tenemos que referirnos a la precariedad de los recursos con que se ha contado: La era moderna de la farmacoterapia no se remonta más allá de 30 años con lagunas inmensas que han comenzado a sondarse en la última década, el conocimiento estructural, genético y fisiopatológico de las epilepsias es algo que tenemos en desarrollo, cuyo informe final no está ni mucho menos ultimado y para rematar, el tratamiento quirúrgico de las epilepsias que lo requieren es algo que en nuestra sociedad no ha hecho más que comenzar…”

Epilepsia y discapacidad ante la sociedad

M.P. Gutiérrez Abella

«Lo que constituye a un ser humano con limitaciones en un monstruo, no es simplemente la excepción con relación a la forma de la naturaleza de la especie, es la gran conmoción que provoca en las regularidades jurídicas», explica Michel Foucault en La vida de los hombres infames.

Epilepsia: ¿Cómo actuar en caso de convulsiones?

Si estamos frente a un ataque epiléptico, es de vital importancia saber que hacer, hay que tener en cuenta que esta crisis puede generarse por distintas causas: Fiebre, por no tomar los medicamentos para el control de la epilepsia o puede generarse sin motivo aparente.

En esta pequeña guía, encontrarán algunas medidas que pueden aplicarse en casa, el trabajo o en lugar o cualquier circunstancia que suceda el ataque.

Si un miembro de nuestra casa padece de epilepsia es de suma importancia que siempre recordemos que hacer ya que si la persona llegase a requerir atención medica, lo que usted observe durante la crisis epiléptica ayudará al médico para brindar al paciente una mejor y rápida atención.

Es importante señalar un punto básico, para todos aquellas personas que padecen alguna enfermedad crónica y particularmente Epilepsia, no deben de olvidar traer consigo una tarjeta de identificación con nombre, dirección, tipo de sangre, los medicamentos y horarios que utiliza y el número de un familiar y/o médico de cabecera a quien poder contactar.

Cuando una persona sufre de crisis la asistencia durante este periodo puede variar; incluso las crisis pueden ser tan breves ( alrededor de 30 segundos) como en el caso de las ausencias que a veces no podemos notarlas, pero en cambio las crisis generalizadas o parciales complejas con caída son las que por las complicaciones que conllevan deben vigilarse más estrechamente y poner en práctica los siguientes puntos:

  • Mantenga la calma. Cuando la crisis ya ha iniciado no se puede detener, no luche con el paciente ni trate de contener los movimientos, en la mayoría de los casos la crisis dura aproximadamente de 60 a 90 segundos y raramente puede pasar de los 5 minutos.
  • Despeje el área alrededor del paciente. Retire los objetos cortantes, puntiagudos o duros con los que se pueda lastimar, coloque un objeto suave como una almohada o una prenda de vestir doblada debajo de su cabeza para que no se golpee, algunos pacientes tienen síntomas previos o premonitorios de que van a sufrir una crisis generalizada, muchas veces pueden avisar cuando tienen estos síntomas y podemos ayudar a que se recuesten en un sofá, cama o bien en el suelo, para evitar que se golpeen al caer.
  • No trate de colocar ningún objeto entre los dientes. Si la persona tiene la boca cerrada fuertemente no trate de abrírsela pues podría lastimarla u obtener una mordedura en los dedos, si la persona se iba a morder, ya lo hizo y usted no podrá evitarlo. No trate de jalar la lengua hacia fuera, ni trate de intentar sacar algún bocado de su boca en caso de que el paciente este comiendo o trate de colocar un trapo dentro de la misma, no se ahogará con su lengua, pero los objetos que coloque en su boca pueden obstruir una adecuada respiración.
  • Voltee la cabeza de la persona hacia un lado, no mueva al paciente y afloje su ropa apretada. Al voltearle la cabeza se permite que la saliva u otro líquido de la boca salgan fácilmente; espere a que termine la crisis y el cuerpo se relaje para revisar en la boca si hay restos de comida.
  • No se alarme. Si la persona deja de respirar y se le ponen los labios morados, no se asuste, esto dura muy poco y no se necesitan maniobras de reanimación ni respiración de boca a boca, no frote alcohol en su cabeza y no acerque a su nariz sustancias fuertes de aroma como por ejemplo Cebolla con alcohol, sales aromáticas, etc. Ya que estas no ayudaran a que se recupere más pronto, el oxigeno ambiental en suficiente.
  • Observe cuidadosamente las acciones y movimientos de la persona durante la crisis así como el tiempo que dura la crisis, para que explique al médico con detalles lo que ocurrió. Debe saber que después de una crisis se puede presentar un estado de sueño o inconsciencia, esto se llama periodo posictal y es un tiempo de recuperación después de la crisis y no es la crisis misma.
  • Mantenga una atmósfera tranquila cuando la persona se recupere de la crisis, permita que descanse y si se lo pide cuéntele lo que paso.
  • Cuando se presentan muchos ataques uno tras otro y sin recuperar la conciencia o si el ataque dura más de 10 minutos se requiere la intervención inmediata de un médico, avise a uno o traslade al paciente a la unidad médica más cercana.
  • Cuando una crisis es breve ( menor de 5 minutos) y no vuelve a presentarse debe llamar a su médico para concertar cita y revisar al paciente, No acuda a un servicio de urgencias a no ser que esta crisis sea la primera o se acompañe de fiebre.
  • En el trabajo o escuela, debe anotarse las características de las crisis y si es posible la persona que asistió al paciente debe explicarle a los padres como fue el ataque para que estos puedan comentarlo con el médico.
  • Cuando se presenta una crisis breve en la escuela debe llamarse inmediatamente a los padres, si las crisis ameritan que sea evaluado el paciente por un médico, no espere a que los padres acudan para llevarlo al Hospital, solo avise a estos a que servicio médico acudirán y lleve inmediatamente al paciente o llame a un servicio de ambulancias.

Es importante, que siempre se lleve un control de crisis para que su médico evalúe los resultados del tratamiento, y la mejor medida para evitar una crisis es seguir las indicaciones, tomar los medicamentos a las dosis y horarios indicados.

Epilepsia, trastorno cerebral convulsivo

La epilepsia es un trastorno del cerebro provocado por el incremento de la actividad eléctrica de las neuronas , el afectado por este mal sufre de crisis epilepticas (convulsiones y movimientos corporales incontrolados de forma repentina).  Para que una persona sea considerada epiléptica, los ataques deben repetirse con cierta frecuencia (ataques recurrentes).

La epilepsia tiene su origen en unos cambios breves y repentinos del funcionamiento del cerebro; por esta razón, se trata de una afección neurológica. Dicha afección no es contagiosa ni está causada por ninguna enfermedad o retraso mental. Algunas personas con retraso mental pueden experimentar ataques epilépticos, pero tener estos ataques no implica necesariamente el desarrollo de una deficiencia mental.

Las crisis epilépticas (convulsiones, “ataques”) son episodios de alteración de la función cerebral que producen cambios en la atención o el comportamiento y son causadas por una excitación anormal en las señales eléctricas en el cerebro.

En algunas ocasiones, una crisis epiléptica está relacionada con una situación temporal, como exposición a drogas, abstinencia de algunos medicamentos, una fiebre alta o niveles anormales de sodio o glucosa en la sangre. Si las crisis o convulsiones no suceden de nuevo una vez que se corrige el problema subyacente, la persona NO tiene epilepsia.

En otros casos, la lesión cerebral o los cambios en el tejido cerebral llevan a que el cerebro se agite de manera anormal. En estos casos, las crisis epilépticas suceden sin una causa inmediata. Esto ES epilepsia, una enfermedad que puede afectar a personas de cualquier edad.

La epilepsia puede ser idiopática, lo que quiere decir que no se puede identificar la causa. Estas convulsiones generalmente se dan entre las edades de 5 a 20 años, pero pueden ocurrir a cualquier edad. Las personas con esta afección no tienen otros problemas neurológicos, pero con frecuencia presentan antecedentes familiares de convulsiones o epilepsia.

  • Accidente cerebrovascular o accidente isquémico transitorio ( AIT)
  • Enfermedades que causan el deterioro del cerebro
  • Demencia como el mal de Alzheimer
  • Lesión cerebral traumática
  • Infecciones (incluyendo absceso cerebral, meningitis, encefalitis, neurosífilis y SIDA
  • Problemas presentes desde antes de nacer (defectos cerebrales congénitos)
  • Lesiones cerca del momento del nacimiento (en este caso, las convulsiones comienzan en la lactancia o primera infancia)
  • Insuficiencia renal o hepática
  • Enfermedades metabólicas con las cuales los niños pueden nacer (como fenilcetonuria)
  • Tumores u otras lesiones cerebrales estructurales (como hematomas o vasos sanguíneos anormales)

La gravedad de los síntomas puede variar enormemente, desde simples episodios de ausencias hasta pérdida del conocimiento y convulsiones violentas. Para la mayoría de los pacientes con epilepsia, cada crisis es similar a las anteriores. El tipo de convulsión o crisis epiléptica que una persona experimenta depende de una variedad de cosas, como la parte del cerebro afectada y la causa subyacente de dicha convulsión.

En algunas personas, se presenta un aura, que consiste en una sensación extraña (como hormigueo, sentir un olor que no existe realmente o cambios emocionales), antes de cada crisis.

Para obtener una descripción detallada de los síntomas asociados con un tipo específico de crisis epiléptica (convulsión)

Es probable que algunas personas con ciertos tipos de convulsiones puedan reducir o suspender por completo sus medicamentos anticonvulsivos después de no tener ninguna convulsión durante varios años. Ciertos tipos de epilepsia en la niñez desaparecen o mejoran con la edad, por lo regular a finales de la adolescencia o hacia los 20 años.

Para algunas personas, la epilepsia puede ser una afección de por vida. En estos casos, es necesario continuar con los fármacos anticonvulsivos.

La muerte o daño cerebral permanente a causa de las convulsiones es infrecuente pero puede ocurrir si la convulsión es prolongada o si se presentan dos o más convulsiones en un período corto (estado epiléptico). La muerte o el daño cerebral son, más a menudo, causados por la falta prolongada de respiración, lo cual lleva a la muerte del tejido cerebral por falta de oxígeno. Existen algunos casos de muerte súbita e inexplicable en pacientes con epilepsia.

Se puede presentar una lesión grave si una convulsión ocurre al manejar o al operar equipo peligroso. Por esta razón, las personas con epilepsia cuyas convulsiones no están bajo un buen control no deben realizar estas actividades.

Las personas que presenten convulsiones esporádicas pueden no tener ninguna restricción severa en su estilo de vida.

  • Problemas de aprendizaje
  • Inhalación de líquido a los pulmones que puede causar neumonía por aspiración
  • Lesiones causadas por caídas, golpes o mordida autoinfligida durante una convulsión
  • Lesiones durante una convulsión mientras se está conduciendo u operando maquinaria
  • Muchos medicamentos antiepilépticos producen defectos congénitos, por lo que las mujeres que desean quedar embarazadas deben informar a su médico con anterioridad para ajustarlos
  • Daño cerebral permanente (accidente cerebrovascular u otro daño)
  • Convulsiones prolongadas o numerosas sin recuperación completa entre ellas (estado epiléptico)
  • Efectos secundarios de los medicamentos

Llame al número local de emergencias (como el 911 en los Estados Unidos) si es la primera vez que una persona ha tenido una convulsión (crisis epiléptica) o si se presenta una convulsión en una persona sin una placa o brazalete de identificación médica (con instrucciones que expliquen qué se debe hacer).

En el caso de alguien que haya presentado convulsiones con anterioridad, llame número local de emergencias para cualquiera de las siguientes situaciones de emergencia:

  • Se trata de una convulsión más larga de las que la persona presenta normalmente o es un número inusual de convulsiones para la persona
  • Se repiten las convulsiones en pocos minutos
  • Se repiten las convulsiones cuando no se ha recuperado el conocimiento o comportamiento normal entre ellas (estado epiléptico)

Llame al médico si aparecen nuevos síntomas, incluyendo posibles efectos secundarios de los medicamentos (somnolencia, inquietud, confusión, sedación u otros), náuseas y vómitos, erupción cutánea, pérdida del cabello, temblores o movimientos anormales, o problemas de coordinación.

En general, no existe una prevención conocida para la epilepsia. Sin embargo, con una dieta y reposo adecuados, la abstinencia de drogas y alcohol se puede disminuir la probabilidad de precipitar convulsiones en una persona con epilepsia.

Reduzca el riesgo de traumatismo craneal mediante el uso de cascos durante actividades de riesgo, lo cual puede ayudar a disminuir la posibilidad de desarrollar epilepsia.

Las personas con convulsiones incontrolables no deben manejar. Cada estado tiene una ley diferente que determina a qué personas con antecedentes de convulsiones se les permite manejar. Si usted tiene convulsiones incontrolables, también debe evitar actividades en las que la pérdida de la conciencia causaría gran peligro, tales como trepar a lugares altos, montar en bicicleta y nadar solo.

Cómo viví la primera crisis epiléptica de mi hijo

por Betzabe Zurita on 24 noviembre, 2012

Salta la Liebre: Epilepsia

La bebe estaba en su silla de comer y yo hacía malabarismos para que aceptara unas cuantas cucharadas de papilla, por eso cuando Diego entró a la sala emocionado y me gritó:
-¡Mamá Power Rangers!
Yo solo le dije, casi en automático:
-¡Qué bueno hijo ya comenzó tu programa favorito! ¡Anda a verlo!, yo te alcanzo al terminar de darle la comida a tu hermanita.
Diego desapareció corriendo hacia la habitación a ver la televisión y yo supe que ya eran las 6:00pm. Levanté a la bebé y la llevé a asear al baño, luego entré al cuarto a cambiarla de ropa y pude observar a Diego hecho todo ojos para la TV, así que al terminar con su hermana, salí directo a la cocina a prepararle la cena, la nena gateaba en el piso a su gusto.
Supuse que apenas Diego escuchara el movimiento en la cocina, vendría a supervisar si lo que estaba preparando era de su gusto, como lo hace la mayoría de las veces, pero no lo hizo. Cuando terminé con la comida, quise saber si Diego querría tomar leche o jugo, pensé en ir hasta el cuarto a preguntarle pero preferí decidir por él y llene un vaso con leche.
Tome a la bebe en brazos y luego con la otra mano me las arreglé para coger el plato con los bocadillos y la leche. Empujé la puerta del cuarto y Diego estaba en la cama pero no volteo a mirarme, la TV seguía encendida pero Diego miraba hacia la pared, no advirtió mi presencia en el umbral.
¡Diego mira lo que te traje! – dije aun sin sospechar nada, Diego seguía ignorándome.
En primer lugar pensé que se había dormido, pero luego vi que los dedos pulgares de sus manos tenían un leve movimiento, me acerque y pude ver su rostro.
Sus ojos estaban entrecerrados pero podía ver que sus pupilas apuntaban hacia la izquierda y estaban muy fijas…
De inmediato deje a la niña en el piso junto a la comida, me acerque a mi hijo y lo toque, su cuerpo estaba flácido, sus manos estaban heladas, no respondía a mi llamado, aunque su cara estaba girada hacia la izquierda descubrí un liquido amarillo intenso en la comisura de su boca y hombro derechos, en la almohada y en la cama… ¡Había vomitado!
Un mundo entero de información bajo a mi cerebro:
No responde a mi llamado, sus manos están frías, su cuerpo inmóvil, y sobre todo ¡Su mirada!… ¡Algo andaba muy mal!
¡Diego tiene una crisis epiléptica!
-Hijo estoy aquí contigo, no estás solo, estamos juntos, voy a buscar ayuda- le decía mientras lo frotaba sus brazos, torso, piernas, aunque no estaba segura de que pudiera escucharme.
Lo moví para colocarlo en posición fetal lo mejor que pude, evalué que ya lo peor debía haber pasado pues ya no salía mas vomito de su boca, así que el riesgo de aspirar o ahogarse ya había pasado.
Fragmentos de historias, vídeos, artículos de blogs, publicaciones médicas, recomendaciones, se agolpaban en mi mente, sentía que podía oír esas voces amigas en mi cabeza, parecía que me hablaban y yo solo tenía que seguir sus indicaciones con rapidez:
Hay muchos tipos de epilepsia, esto es un tipo de “convulsión”, nada de sacar o meter objetos a la boca, nada de sujetarle, solo posición fetal, proteger su cabeza, despejar el área…
Diego no tenía los espasmos típicos de una convulsión, no estaba tenso pero no se movía, no me miraba.
Conserva la calma solo así podrás ser rápida y asertiva
Pide ayuda a una ambulancia o alguien que maneje, no des demasiados detalles solo lo verdaderamente necesario: situación, diagnostico, edad, dirección… para que puedas volver a atender al niño.
Trata de memorizar todo lo que puedas sobre lo que paso antes, durante y después de la crisis, servirá para la evaluación.
Busque mi teléfono celular pero no lo veía por ningún lado, corrí hacia la sala a usar el teléfono fijo, mi esposo trabaja en la capital a 9 horas de viaje por tierra, así que durante la semana en la casa solo estamos mis hijos y yo, por eso llame a una tía que vive a dos calles de mi casa, estaba tan nerviosa que a la primera no marqué bien o quizás se demoraron en contestar, no lo sé, no podía registrar el tiempo, todo parecía un sueño donde no sabes cuánto ha transcurrido, frustrada cerré la comunicación y regrese al lado de Diego, volví a hablarle y seguía sin reaccionar. La bebé se había adueñado del vaso de leche, una parte la había derramado en el piso y se había mojado, la aparté un poco del liquido y corrí de nuevo al teléfono, esta vez una prima al otro lado de la línea respondió, trate de explicarme lo más calmada que pude:
¡Diego tiene una convulsión necesito llevarlo a la clínica rápido, dile a tía que venga!, solo espere hasta que mi prima respondió:”Ya le digo” y corte la comunicación para regresar junto a mis hijos.
La niña jugando en el piso al lado de su hermano que seguía sin moverse, Diego parecía haber entrado en un espeso sopor, no podía saber si ya había pasado la crisis o si continuaba, no sabía cuánto tiempo llevaba así. Las instrucciones en mi cabeza seguían fluyendo, mientras yo le hablaba a Diego y comenzaba a recoger cosas de una lista de emergencia:
-¡Mamá está aquí Diego, vamos a ir al doctor!- le hablaba por si estaba consciente.
Busca un bolso, necesitaras una muda de ropa limpia para el niño. Metí una muda de ropa completa más un pijama por si debíamos pasar la noche en la clínica.
Recuerda los zapatos que luego tendrá que regresar descalzo. Metí sus sandalias crocs que tanto ama mi hijo y pensé ¡Dios santo que mi hijo pueda volver a ponérselas!
Si no estás vestida apropiadamente, coge lo que puedas y mételo al bolso ya abra un momento para cambiarte. Yo cogí un sostén y lo metí en el bolso.
Identificaciones y dinero, sin eso no habrá atención médica. Tome la cartera entera.
Fui hasta el garaje a meterlo todo en el auto, entonces vi que mi tía llegaba casi corriendo, con una expresión de angustia y sus mejillas surcadas por lágrimas.
¡Sentí que el pecho me explotaba! ¡Un pequeño quejido se escapo de mi boca ¡Quería gritar!, ¡Llorar con todas mis fuerzas!, Abrazarme a mi tía en busca de refugio, de fortaleza, de protección ¡como si fuera una niña!
Pero no me lo permití, ahogué mis sollozos porque sentía que necesitaba estar clara y concentrada, necesitaba a mi tía alerta para que condujera hasta la clínica más cercana.
Le di las llaves del auto y fui a buscar a los niños, hace ya un tiempo que no tengo fuerzas para cargar a Diego, tiene 6 años, esta enorme y con un poco de sobrepeso, pero esa noche nada me importó, no dude ni un momento que podría llevarlo en brazos y lo subí al auto. Lo recosté del asiento porque no podía mantenerse sentado, luego traje a la bebé y la aseguré en su silla, tuve que quitarle un bocadillo que había cogido del plato de su hermano y por eso comenzó a llorar muy molesta, pero no podía arriesgarme a que se ahogara con un trozo de comida mientras yo atendía a su hermano.
El trayecto hacia la clínica esta borroso en mi mente, solo recuerdo el llanto intenso de Sara, a mi tía rezando sin parar y yo tratando de ahuyentar de mi cabeza temibles pensamientos: ¿Cuánto tiempo ha pasado? Más de 5 minutos de crisis ya es un estatus convulsivo, no todos retornan de un estatus así, Diego puede tener autismo y epilepsia ¡Dios mio! ¡El tándem mortal! Esa combinación eleva en 800% la posibilidad de muerte prematura. ¿Por qué mi hijo? ¿Es que no tenemos suficiente?
Llegamos a emergencias, cargué nuevamente a Diego para sacarlo del auto mientras mi tía pedía ayuda y se quedaba con la bebé; un hombre del personal de seguridad me alcanzó y tomó en brazos al niño. Entré detrás de él gritando la información que pensé sería de utilidad para tratarlo lo más rápido posible: Tuvo una convulsión hace mas de 15minutos, tiene 6 años, pesa 30 kilos, no toma medicamentos ni tiene alergias, tiene un trastorno generalizado del desarrollo no especificado y tuvo una convulsión febril cuando tenía 2 años y medio.
El personal médico se movilizo para ponerle una vía intravenosa y medicarlo con un antiepiléptico y otro medicamento para evitar el vomito. Diego comenzó a reaccionar débilmente, quería defenderse y evitar la aguja en el brazo, yo aproveché para hablarle aunque apenas podía mantener su mirada en la mía.
-¿Diego quien soy yo?- le preguntaba y Diego no podía responderme, una especie de ronquido gutural era todo lo que salía de su garganta.
La doctora le pidió que tomara sus manos y las apretara pero Diego no pudo hacerlo, temblé de pies a cabeza, ¿Será posible que tenga un daño cerebral? ¿Se le habrá afectado la memoria? ¿Estaremos ante un retroceso importante? Quise concentrarme solo en que estuviera respirando. Cada 5 minutos alguien me preguntaba si Diego había tenido fiebre y yo respondía diciendo que no, que paso la tarde jugando tranquilo y viendo televisión.
Tomaron su temperatura y tenia 38,2°C me explicaron que lo más probable es que debido a la convulsión le subió la temperatura y no al revés.
-¿Al niño se le ha hecho electroencefalograma?- Me preguntaron varias veces.
Yo respondí explicando que su electroencefalograma fue parte de los estudios que se le hicieron cuando se diagnosticó TGD cuando tenía un año y medio y en ese momento fue revisado por un especialista en epilepsia y fue normal.
Diego comenzó lentamente a recuperarse, se dormía a cada rato y se despertaba confundido, le tomo una hora tener total movimiento y dos horas volver a pronunciar palabra. Cuando mi hijo volvió a sonreír y pronunciar la palabra mamá, yo sentí que recuperaba la totalidad de mi capacidad pulmonar, que mi corazón volvía a latir a su ritmo normal y que la vida volvía fluir en el sentido de la realidad. Deje de estar suspendida entre el terror y la angustia y una chispa de esperanza retorno el color a mis mejillas. ¡Aun tenemos a nuestro niño mágico!

Dedicado a todos los padres de hijos con síndromes convulsivos que venciendo el temor a exponer la privacidad de sus familias, comparten en la red sus testimonios y divulgan información sobre la epilepsia. Gracias.

¿Cómo afrontar la Epilepsia?. Guía pacientes y familiares.

…”El libro se ha dividido en diez capítulos que tratan de dar respuesta a todos los problemas que en nuestra experiencia hemos captado que preocupan a los pacientes y sus familiares: hemos tratado de explicarle qué es la enfermedad epiléptica, sus diferencias con los síndromes y las crisis, qué es lo que debemos hacer cuando nos encontramos a una persona con una crisis epiléptica, le vamos a explicar qué circunstancia puede provocar o favorecer una crisis, el tratamiento farmacológico y todas las novedades del tratamiento quirúrgico, qué sucede durante el embarazo de una mujer epiléptica, cuál es la calidad de vida del paciente epiléptico,
qué dice la legislación sobre ellos, y cuál debe ser el papel de las asociaciones. Por último hacemos un pequeño glosario con todos los términos habitualmente utilizados por el profesional y que deben ser comprendidos por los pacientes y sus familiares de forma clara.”…”Dice Ortega que el hombre se ha formado en la lucha con lo exterior, y sólo le es fácil discernir las cosas que están fuera. Al mirar dentro de sí se le nubla la vista y padece vértigo. Por esta razón hemos intentado adentrarnos en nosotros mismos, poniéndonos en el lugar de las personas que sufren la enfermedad epiléptica y sus familiares. Y no os quepa la menor duda que nuestra última preocupación ha sido la de mirar hacia nuestro interior y expresar todo lo que de una u otra forma sentimos cuando nos enfrentamos a la epilepsia. Buscar nuevas soluciones a problemas muy viejos. Viajar todos juntos en busca, al menos, de una mejora en la calidad de vida. Que todos tengamos la sensación de que nunca caminaremos solos.”…

COORDINADOR:
Dr. Miguel Rufo Campos
AUTORES:
Dr. Ángel Pérez Sempere
Dr. Juan Carlos Sánchez Álvarez
Dra. Mª Dolores Morales Martínez
Dra. Mercedes Martín Moro
Dr. Jerónimo Sancho Rieger
Dra. Maribel Forcadas Berdusan
Dr. Carlos Casas Fernández
Dr. Pedro J. Serrano-Castro
Dra. Pilar de la Peña Mayor
Dr. Miguel Rufo Campos
Dr. Javier López-Trigo

© 2005 Pfizer
ISBN: 84-934269-3-8
Ilustradores: Rafael Broseta y David Belmonte

Editorial: Entheos