Reflexión Decembrina

Reflexión Decembrina

Váyase a saber por qué al llegar diciembre tenemos esa tentación de evaluar más los meses pasados, o incluso más atrás, como también el ir planificando posibles pasos a seguir.Y a mí también me nace ese costado reflexivo, sopesando muchas cosas personales, pero también el tema que ocupa a este blog, las capacidades diferentes, y el “ser diferente” en sí.

Según la Organización Mundial de la Salud, se habla más de “discapacidades”, dado que nombra y clasifica, deficiencias, limitaciones, y restricciones que sufre un grupo de personas. También aclara que es un fenómeno complejo, y que hay una interacción entre un ser humano y la sociedad que lo contiene, y que se producen muchas tensiones.

Claro que todos podemos vivir algo así sin ser considerados “discapacitados”, como todos carecemos de ciertas capacidades o habilidades podemos vislumbrar  en nuestro entorno cuando se hacen notorias que reacciones producen. Muchas veces viviremos por nuestras “faltas” más de un disgusto con alguien que no carece de dicha habilidad o capacidad, nos harán sentir poco menos que inútil y esto nos pasa en familia, en ámbitos laborales y con amigos. Van desde la “broma”, hasta lo hiriente directamente. Imaginar entonces lo que vive una persona con una capacidad diferente requiere de potenciaciones constantes.

Según la ONU, hay más de 1.000 millones de personas con “discapacidad”, algo así como una de cada siete del planeta, pero, yo le calculo más, dado que hay que tener en cuenta si se miden las discapacidades de “costumbre”, o las que se provocan por guerra, desnutrición, enfermedades nuevas, y violencia humana directa o delictiva. Si a estos cuadros, le sumamos la pobreza, los problemas de acceder a métodos de salud adecuados, la falta de educación, falta de servicios públicos, pues nos damos cuenta que mucho sobre la “discapacidad” que se nombra tiene que ver o depende de la sociedad que contiene a las personas, y no solo al cuerpo en sí de las mismas. Si alguien habla de discapacidad se piensa en alguna cuestión física, corporal, mental, pero mucho también está en los entornos, y en los sistemas estatales y sociales en que se debe vivir con cierta problemática.

Esta situación de que las personas sean discapacitadas sociales, suena mucho a organización de derechos humanos, pero no es necesario llegar a esto, dado que es evidente la tensión individuo sociedad que se produce en las capacidades diferentes, la sociedad escapa a la realidad de que todos seamos incapaces en ciertas cosas, y capaces en otras, y así como somos alabados también solemos ser muy criticados, incluso somos muy críticos con nosotros mismos ante lo que consideramos “fallas” y no son más que limitaciones personales que todos tenemos. Sí, somos diferentes, y sí, tenemos capacidades igualmente diferentes.

Vamos a tener, diría yo, que revisar conceptos sobre normalidad, integración, inclusión, y hacerlo según la sociedad en la que vivamos. Atrevernos a abrir la ventana para ver lo que pasa afuera, y mirar a las personas que viven de otras maneras, observar más, darnos cuenta que con poca distancia de donde vivamos y más si salimos fuera del país, ya no somos tan “integrados” a nada. Hay valores, normas, formas, rutinas, y hasta prejuicios que nos dificultarán integrarnos, si esto se puede producir en dos diferentes barrios de una ciudad, pues mucho más en sociedades más alejadas, tanto que sin querer, y hasta sin tener nada físico, nos sentiremos como “discapacitados” y hasta objeto de burla, con muy poco que hagamos, o no hagamos. También podemos ser discapacitados sociales aparte de nuestra individualidad física.

Y no sé qué es peor, porque una capacidad diferente, puede generar muchas cosas positivas, si se encara la vida con ahínco y fortaleza, hay genios en diferentes campos que lo demuestran, e incluso deportistas que nos maravillan, mucha gente que le fue dada la estimulación necesaria y puso a prueba su propia voluntad para la autonomía que alimentó una autoestima con esfuerzo duro y constante.

Lo social si no está pensado para que entremos sin empujarnos, y sin roces inútiles, todos, con nuestras capacidades y con todas nuestras limitaciones, sin pensar tanto en ganar, sino en bienestar, y calidad de vida, como que no nos sirve de mucho.

En momentos trágicos, o en momentos de encrucijadas, pensar en el bien de la mayoría, sacrificando a una parte si fuera necesario, puede ser tomado como lógico, y hasta se aplicaría lo que se conoce como la Ley de la Doble Ética. Pero, en momentos normales, el bien de la mayoría, se traspasa por la búsqueda del bien de la totalidad – sin dejar a nadie fuera – despertando a la realidad de lo que somos humanamente… pero también a la verdad que siempre podemos ser mejores.

Lic. Pedro Roberto Casanova, Director Programa Piloto Despertar.

Sigamos reflexionando desde la vida misma

Ser diferente, es normal.

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Lic. Pedro Roberto Casanova. La educación ante las capacidades diferentes.

La atención a las personas con capacidades diferentes fue cambiando en la historia, hemos dejado atrás la concepción medieval que ni siquiera se planteaba educar a esta población determinada, y hoy se intenta avanzar en la integración educativa, social y laboral.

También la educación de las personas con capacidades diferentes ha pasado por diversas concepciones, desde un modelo puramente terapéutico, o modelo médico, que consideraba que eran “enfermos”, “discapacitados que debían ser rehabilitados” y poco más, hasta el modelo educativo que plantea eliminar el término “discapacitado”, “minusválido”, “enfermo” y pasar a calificar a la persona para que desarrolle otras capacidades mediante la educación. Incluso considera este modelo que el tema no es solo de la persona que lo padece sino de su entorno, en el que se desenvuelve y tiene sus experiencias de vida.

Un modelo inclusivo e integracionista, permite un currículo tan flexible como sea necesario para que todos los alumnos logren objetivos sin hacer grandes adecuaciones, y sí, exige que los educadores aprendan nuevas formas y métodos, esto también implica un cambio en la mentalidad de la escuela y del sistema educativo en sí mismo.

Si uno analiza en general las actitudes que se muestran ante las personas con capacidades diferentes en la escuela, vemos que los alumnos se adaptan, cuidan y hasta admiran a estos alumnos con otras capacidades y más de una vez sienten que son un ejemplo para ellos. Incluso mejora los grados de tolerancia y elimina ciertos grados de agresión que suelen existir.

En cuanto a los docentes suelen mostrar una apertura en general, y aceptan que todas las personas tienen el derecho de estudiar. Algunos, unos cuantos, dicen que faltan medios o recursos, indican con esto que necesitan una guía más profunda para generar formas de trabajo con estudiantes en condiciones diferentes. Les llaman recursos, a ciertos elementos que incluso deberían proceder de su creatividad docente y esto se nota mucho cuando tienen que adecuar los currículos, carecen de la información adecuada y de la metodología incorporada para llevarlos a cabo. Pero, tienen una actitud optimista en la mayoría de los casos en cuanto a las posibilidades de logro que tendrían los alumnos con capacidades diferentes, con ciertas adecuaciones al currículo. Aprender a cambiar como se enseñan las cosas, muchas veces no resulta fácil, muchos ponen voluntad en ello, muchos se quedan en palabras.

No hay una postura clara y definida, hacia la inclusión de personas con capacidades diferentes. Existen muchas actitudes ambivalentes, se muestra positivos discursos hacia la inclusión, pero a la hora de realizar, de asumir compromiso, las respuestas son pobres y en muchos casos nulas. Seguramente falta una educación sobre las capacidades diferentes, bastante importante. Por suerte no falta sensibilidad y los prejuicios van desapareciendo, no está todo perdido entonces, se puede despertar todavía.

Pero, no por ello dejo de escuchar alguno que otro que expresa en otras excusas y justificaciones que: “No se pueden hacer excepciones, tal vez una rampa, algún libro en braille, pero si esta es una escuela normal que no se dedica a gente especial, es esta gente la que tiene que adaptarse y no la institución a esa gente, si tiene algunas condiciones lo logrará”.

Esta forma de pensar, es la que ha alejado a la mayoría de la población con capacidades diferentes de las instituciones, de secundaria, terciarias y universidades.

Falta mucho por hacer, no cabe duda, con las concepciones, con la información, con las instalaciones, con la preparación de docentes, con la capacitación a padres y la comunidad. No solo es cuestión de leyes, sino de revisión práctica de estas, y de llevar a cabo lo que expresan. Algo más que buena voluntad, se necesitan hechos.

Debemos entender que la verdadera discapacidad la configura la comunidad, la sociedad, que intenta superar o no todo obstáculo para cualquiera y para todos sus miembros. Si queremos lograr la terminación de las desigualdades humanas, dejar las barreras mentales y físicas que segregan a personas y terminan con sus derechos y sus ilusiones más de una vez, es condición obligada. Tendremos que aprender a comprometernos y despertar a la realidad, sin vueltas.

Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar

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Lic. Pedro Roberto Casanova: Los “normales” y las capacidades diferentes.

Todos o en una gran mayoría, creemos que una discapacidad, a la que prefiero definir como una capacidad diferente, se ve manifiesta tan solo por una cuestión de deficiencia física visible, parecía lo más lógico, y plausible, pero no lo es, no es fácil definir a una persona con una capacidad diferente un gran número de veces.

Pero, resulta que un método alternativo, viene por el lado que menos se piensa, cómo es excluido del sistema social, y productivo de una sociedad, es decir que un discapacitado lo es en medida el que está excluido socialmente, lo es según el lugar que ocupa en una sociedad determinada.

Un certificado de discapacidad, puede solucionar una cantidad de temas, pero si lo miramos bien, también es una certificación que legitima esta exclusión social, laboral, pues lo “marca” desde una óptica ideológica del individuo “normal” que se encuentra en un estamento también “normal” dentro del sistema económico, y funcionalmente “apto” según ciertos parámetros productivos, no muy humanizados.

Una exclusión que es un estigma en lo económico trae aparejada una especie de exilio de la persona del mundo laboral, de la producción, del estudio y también es considerada no solo incapaz aunque sus capacidades existan y no sean las mismas, sino que más de uno la creerá incapaz hasta para la vida, por más que muestre independencia, algo que demuestra las incapacidades del que juzga desde la ignorancia y no del juzgado. Si no son tal cual son los “normales”, no pueden ser útiles a la sociedad, y serán una carga porque los “normales” lo decimos.

Se les quiere devaluar la identidad, que le niega sus derechos a elección, y por qué no al éxito o al fracaso, se les quita carácter humano. Y pensando así más de uno, que incluso dice comprender este tema de discapacidades, y que se consideran más “humanizados” que otros, concretan o buscan hacerlo en la vida cotidiana de las personas, un mundo sin intercambios donde solo los “normales” manejarán destinos y verdades.

Se avanza en leyes, en políticas hacia la discapacidad, se apunta más a la inclusión de las personas, pero no se cuestiona la base, los cimientos y gran parte de la estructura que han permitido la exclusión, y desgraciadamente se reproducen los mismos errores, en cuanto a mecanismos.

Pareciera que como dice, Silberkasten: “a lo largo de la historia occidental el único derecho por el cual no han tenido que luchar las personas con discapacidad es el derecho a mendigar”. Y yo añado que pareciera en más de un caso que tuvieran que pedir permiso para vivir, pensar, elegir, existir.

Hay mucho en qué despertar, en nuestras sociedades, y en los individuos que la componen, con respecto a lo “diferente”, hay que lograr incluir en la estructura social, pero también tener una ética al respecto, dar crédito a la validez del otro, y no pensar que somos un conjunto de personas “normales” que todo lo tenemos claro y para siempre, porque nadie dejará de tener una capacidad diferente o ser un discapacitado con el tiempo suficiente de vida.

No es negar la existencia de capacidades diferentes, tampoco ponernos a gritar discriminación sin sentido, es razonar, visibilizar no solo al discapacitado y qué lo discapacita, es ver como dejar de juzgar desde planos “normalizadores” o “normalistas” y procurar la inserción efectiva, lograr una inclusión social y productiva, que favorezca la independencia y el crecimiento de las personas a las que llamamos discapacitados.

Si uno ve al otro, y quiere verse a sí mismo, no lo ama, no lo ayuda, no lo impulsa, no lo incluye. Seguramente al no lograr que el otro sea nuestro reflejo solo haremos lo contrario, lo mal amaremos, no lo ayudaremos sino que pondremos trabas, lo frenaremos y lo excluiremos. ¿Será que no tienen remedio, o estamos muy enfermos con nuestras visiones?, no queda otra que comenzar una sociedad con individuos que aprendan a despertar a la realidad y aceptarla. Todos somos diferentes.

Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar.

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Lic. Pedro Roberto Casanova: Capacidades diferentes, falta de hogar y exclusión social

No es nueva la relación entre discapacidad y exclusión, numerosos autores y artículos se han referido al tema, pero, parece que no está de más insistir en el mismo porque a pesar de todo se sabe muy poco sobre el papel que las capacidades diferentes tienen en el proceso que lleva a la exclusión social o viceversa.

Dentro de ese colectivo que une a las personas sin hogar, existen otros más extremos y entre ellos el de las capacidades diferentes, que une carencias y dificultades de muy diferente estilo, económicas, relacionales, de salud, culturales y más, siendo muy vulnerables ante los incumplimientos de ciertos derechos que son reconocidos a todos los ciudadanos.

Cuando ciertos autores e investigadores analizan desde la salud, se hace clara la relación negativa de la falta de hogar, y el deterioro que esto significa en las personas. Vivir en sitios inadecuados crea ambiente propicio, de por sí, para generar problemáticas sobre la salud mental y física, generando entonces un elevado número de trastornos mentales, abusos de sustancias y enfermedades crónicas, si a esto le sumamos las grandes posibilidades de una nutrición pobre, el cuadro se hace grave en poco tiempo, uno de los indicadores es el renacimiento de la tuberculosis en muchos lugares.

La falta de hogar, unida a la pobreza, crea situaciones de mala atención sanitaria porque se reacciona tarde, o hay mayor dificultad de acceso a los servicios, y se van produciendo efectos desmoralizadores que llevan a la desatención de la higiene, la alimentación, y se cae incluso en el ser víctimas fáciles de la violencia, esto claro tiene que ver mucho con la acción de apoyo social que se reciba en estos sectores, pero esta ayuda es muy variable según lugar, y forma de otorgarla.

Desde ya, se nota un aumento de la mortalidad prematura en las personas sin hogar y en situación de pobreza, la esperanza de vida se reduce en algunos sitios en forma drástica, llegando a calcularse entre los 41 y 47 años, y esto ocurre en lugares de países de todo tipo, incluyendo los desarrollados.

A su vez las varias investigaciones de la relación entre salud mental y la falta de hogar, en situación de pobreza, indican que los trastornos mentales se acumulan en forma importante en este colectivo extremo, e incluso es mayor que en sectores que aunque carentes, poseen un hogar y un entorno organizado en base a este.

Dadas estas situaciones las personas sin hogar, en situación de pobreza o incluso indigencia, padecen discapacidades físicas o sensoriales, en una forma mayor alcanzando entre el 35 y el 40% del colectivo.

Pero lo que no existe en abundancia son estudios que realicen relaciones entre situaciones de exclusión social y capacidades diferentes, ni se preguntan mucho siquiera por la prevalencia de estas discapacidades en el colectivo de personas sin hogar, no se estudia a fondo el tema, ni se documenta debidamente.

Faltan estudios específicos internacionalmente de cuantas personas sin hogar, tienen además la condición de personas con capacidades diferentes, para tener referencias más claras de cuanto presiona la exclusión social sobre el surgimiento de discapacidades.

Estos estudios, investigaciones, seguimientos nos podrían dar las características, situaciones, y necesidades de estas personas, poder discernir cuáles son las dificultades específicas de quienes padecen una discapacidad en situación de exclusión social, sin hogar, frente, a las que sin discapacidad enfrentan la misma condición.

Mas sobre todo, podría ser una manera de una vez por toda identificarlos, y hacerlos visibles, pues muchos padecen discapacidades que no son reconocidas oficialmente, y poder determinar necesidades y barreras que hay que levantar para que tengan protección.

Despertar, ver la realidad, sigue siendo la prioridad, de las personas y los Estados.

Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar

Personas sin hogar

Prof. Lic. Pedro Roberto Casanova: Discapacidades Humanas: No hacerse cargo.

La vida es un conjunto de situaciones muy variadas y variables, tenemos obstáculos, nos toca conocer gente que no son agradables o buscan hacernos daño. Pero, vale pensar que nosotros también podemos hacer lo mismo hacia los demás, podemos ser un obstáculo, podemos no ser agradables y si no nos cuidamos también hacer daño.

Somos responsables de nuestras acciones, no debemos cargar con resentimientos, ira, miedos e ir a descargar todo eso en cualquier incauto que pase a nuestro lado o tengamos cerca. No podemos arruinar el día de nadie, y menos intentar arruinarle la vida por lo que suframos. No podemos vivir atacando, en la queja perpetua, o manipulando para crear culpables de nuestra vida o nuestra, digamos suerte.

Ya existen demasiadas personas así, los encontramos por todos lados, salen de las paredes, en los lugares de trabajo, en las oficinas públicas, incluso en nuestro entorno de amigos e incluso en la familia.

No tenemos que dejar de ser asertivos, y si no lo sabemos ser, aprenderlo, tenemos que aprender a tratar con la adversidad y los problemas, no perder el control, manejar nuestras emociones y nuestras formas de ser. Porque todo daño que causemos, serán nuestra total y pura responsabilidad.

Vivimos, elegimos lo que podemos, y lo que no, nos cae para bien o mal, sin que nadie lo haya preparado para nosotros. Muchas veces, también recogemos lo que sembramos, y entonces tendríamos que ver qué es lo que colocamos en esa siembra, si somos positivos, o caemos en la violencia, el odio, la ignorancia, el egoísmo o el resentimiento, si es esto último seguramente obtendremos mucho sufrimiento.

No seamos antenas repetidoras de negatividad, no propaguemos crónicamente quejas, odios, malos pensamientos, porque no tendremos ni un ápice de control sobre nuestras emociones, y mucho menos lo que necesitemos para ser felices.

Las emociones son nuestro tesoro interior, nuestra arca de poder personal, y así como las ansiamos proteger, no debemos jugar con el tesoro emocional de los demás, creando estrés, ansiedad, depresión y desencanto sin sentido alguno, es algo en los que todos perdemos, nadie gana. No solo nos iríamos matando emocionalmente, mataríamos las emociones de los otros. La clave siempre es lo más difícil: el equilibrio emocional.

Si somos así, no es nada raro que los demás vivan a la defensiva, en estado de alerta y desconfianza; que de pronto nos ignoren como medida de protegerse y nos miren como diciendo no hay forma de lidiar con alguien así que no acepta que la vida no es como uno quiere, y no vale la pena intentar nada más. Es el paso a quedarnos en soledad.

No nos asombremos si el otro un día dice basta y quiere defender sus derechos de persona humana, con sentimientos y con sus propios problemas y vida que no debemos suponer siempre como mejor que la nuestra. Tampoco si decide no escucharnos más, y tratar de vivir su vida. En el mejor de los casos nos intentará convencer, que veamos las cosas de otra manera, o desviarnos de nuestra emoción mal encarada, los más hábiles emocionalmente intentarán ponerse en nuestro lugar, comprendernos, aunque en realidad estemos haciendo algo en lo que no la merecemos. Pero, es lógico que las personas se quieran proteger, porque ser una persona difícil, desgasta a los otros, les quita la autoestima, y cuando se cierren como reacción de protección para evitar ser heridas, no nos podemos asombrar, los hemos llevado a que se aíslen de nosotros.

No podemos bajo ninguna excusa, pensar que le podemos arrebatar a los demás, su elección de cómo proceder ante lo que somos, hacemos, o decimos, tienen que poder y lo harán que elegir su propio camino emocional.

Nuestra realidad puede ser mala, muy mala, tremendamente mala, pero tenemos que aceptarla como propia, tenemos que hacer el duelo, sin matar emocionalmente a nadie en el proceso. Tenemos que despertar y decirnos que la vida es como es, y continuar, y es más fácil el camino cuando en nuestras palabras, en nuestras acciones y en nuestras actitudes somos generosos, que cuando tomamos actitudes de agresividad, inculpamos, o mostramos que todo lo que importa es lo que obtenemos, reclamando lo dado, o buscando que el otro sea tan infeliz como nosotros.

No hacerse cargo de nuestras vidas, de nuestro destino, de nuestras elecciones y consecuencias, muestra nuestra incapacidad humana, pero como humanos podemos recuperarnos, y buscar ese equilibrio emocional que nos puede impulsar, porque nos brindará paz. Ciertamente, vemos el universo desde cada uno, desde nuestro yo, pero, en armonía con los demás, todo es un poco más posible de sobrellevar.

Prof. Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar

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Prof. Lic Pedro Roberto Casanova: Discapacidades Humanas: Síndrome o Efecto de Dunning-Kruger.

David Dunning, psicólogo y el entonces (año 1999), estudiante de post-grado Justin Kruger publican un artículo en donde describen lo que hoy se conoce como el Síndrome o Efecto Dunning-Kruger: la gente incompetente no se da cuenta de lo incompetente que es. Esto parece lógico porque para darse cuenta de la propia ineptitud uno debería tener las capacidades que le faltan. Ahora bien, la incompetencia, no es notada por quienes la tienen sino que al contrario se sienten más que competentes.

Así queda demostrado que muchos sobreestiman sus capacidades y en muy diferentes áreas que van desde conocimientos económicos, hasta razonamiento lógico o inteligencia emocional, pasando por toda habilidad o saber que se les pueda ocurrir.

Claro, uno siempre piensa que así son los demás, automáticamente debemos pensar en muchos ejemplos de los otros y no en uno mismo, al parecer es algo que les pasa a todos. Dunning expresa que “la ignorancia no consiste en no estar informado, sino en estar mal informado, no es una carencia, sino un conocimiento erróneo”. Digamos que no se es ignorante por no saber algo, sino por creer saber en base a algo equivocado o falso. “Una mente ignorante no es un recipiente vacío sino un recipiente lleno de un lío de hechos, teorías, intuiciones, estrategias o experiencias irrelevantes o equivocadas…pero que tienen toda la apariencia de ser un conocimiento útil y seguro”. No saber no es un problema, el problema es dar por seguro que sabes algo y que no sea así.

Este efecto tiene un origen múltiple: nuestro afán de teorizar de forma especulativa e improvisada; el querer buscar cualquier elemento que nos diga que lo que teorizamos es correcto, y entonces buscamos hasta argumentos y pruebas insostenibles para, dándole las vueltas necesarias y equivocadas, mostrar nuestra correcta afirmación, forzando interpretaciones. Y si es necesario, pues le quitamos o agregamos datos, para que encastre. Tenemos entonces como resultado, una sensación de que conocemos algo y cierta seguridad que aunque tramposa, nos hace defender ese conocimiento falso como si nos fuera la vida en ello.

Hubo un tiempo, que la educación era un remedio para estas actitudes y formas de proceder pero también tiene que ver a qué educación nos referimos, cursillos, cursos débiles, pueden dar cierta confianza en que aprendimos algo, pero a veces esto es muy dudoso, los libros de autoayuda están muy bien, pero la vida no viene ni por capítulos, ni los humanos somos predecibles para que sepamos en qué parte del índice encontraremos la solución a un determinado problema.

Lo mejor sería tener una educación que nos haga aprender desde el error hacia lo correcto, o desde lo falso a la verdad, es decir comprender como desentrañar lo equivocado, lo incorrecto. Pero resulta que hoy en día gracias a la tecnología, está plagado de teorías erróneas, que se transmiten de usuario a usuario y toman la característica de verdad absoluta. Si a esto sumamos que la personas se aferran a sus creencias, ya vemos lo difícil de hacerlas cambiar de ideas.

Será que nos falta humildad, “humildad neuropsicológica” diría Steven Novella, para poder verificar primero sobre lo que sabemos mucho y el promedio humano no tanto, y luego darse cuenta todo lo que no sabemos sobre tantas cuestiones en las que los demás son expertos.

Sería bueno intentar hacer este ejercicio mental antes de abrir la boca, de opinar, de asegurar algo, de decir que ayudamos, de querer salvar el mundo o a los otros dándonos de entendidos en lo que no lo somos.

Al menos bastaría entender aunque no nos guste, que sabemos mucho menos de lo que seguramente pensamos, y que hay siempre que despertar a nuevos conocimientos que nunca terminaremos de obtener. Al final es la realidad y hay que aceptarla, somos incapaces, ignorantes y aprendices hasta el último día de nuestras vidas, en muchos, en interminables campos, pero tener capacidades diferentes, siendo únicos e irrepetibles, no debería afectarnos. ¿Verdad?

Prof. Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar

Esos Egos Dominantes

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Lic. Pedro Roberto Casanova: Sobre inclusión e integración, o parecido no es lo mismo

En este artículo aprovecho para aclarar que decir integración e inclusión no es decir lo mismo, no son sinónimos. Integrar por definición es “componer un todo con sus partes integrantes”, mientras que incluir es “colocar una cosa dentro de otra”, en diversos documentos entonces por lógica se prefiere hablar de inclusión antes que integración.

En los movimientos sociales y organizaciones específicas, inclusión e integración representan filosofías totalmente diferentes, aun cuando tengan objetivos aparentemente iguales, o sea, la inserción de las personas con discapacidad en la sociedad.

La integración es una aspiración del conjunto social, pero, solo es importante si se produce un proceso de aprendizaje, porque es fin de la escuela el enseñar y el de los niños y jóvenes el aprender. Nadie está en contra de la integración social, pero hay que garantizar ciertas estructuras, y no solo servicios. Y estas estructuras son producto de una construcción colectiva.

Nacen diversas expresiones que uno debería analizar:

“Normalizar”, supone en estos casos una ocultación, una compensación del déficit, una corrección de la considerada desviación, y esto no es más que negar la “diversidad”. La diferencia, es siempre diferencia, la diferencia es construida social y políticamente por lo tanto, no deberíamos hacer de esta algo que promueva la fragmentación social, y que impida la construcción de un todo pedagógico. La diferencia no puede ser entendida como algo no deseable, impropio, y que hay que devolver a las filas de la “normalidad”.

No podemos caer en una red de ambigüedades e hipocresías para construir la diversidad, es decir aceptamos cierto pluralismo, pero siempre referido a una normativa ideal, eso sería desconocer todas las implicancias políticas originadas a partir del reconocimiento político de las diferencias.

Hay que sentar las bases para una discusión educacional, que provoque una ruptura con estas tradiciones normalistas, homogéneas, o de indiferenciación y provocar proyectos educativos actuales que entiendan que así como para “integrar” a una persona a un conjunto de otros, lo aparentemente obligado es normalizarlos a todos, negando su diversidad; “inclusión” es todo lo contrario es crear un conjunto heterogéneo, donde la diversidad y las diferencias son enriquecedoras del conjunto que se crea.

No es más que terminar con actitudes ideales y conservadoras, para plantearnos otras donde las capacidades diferentes son riqueza, no pobreza, donde no se niega ningún proceso de aprendizaje, y donde hay respeto absoluto de las normas sobre igualdad, inclusión, diferencia, y discapacidad.

A veces es necesario salirse de ciertos encapsulamientos educacionales, de ciertas malas costumbres de crear compartimientos estancos, y abrirse al riesgo de enfrentar las nuevas formas de encarar lo humano, despertando a lo humano con sentido de progreso, y enriquecimiento.

Una verdadera escuela inclusiva, y la calidad de la educación de este tipo, está estrechamente ligada a la calidad de los profesores, y no tanto con los proyectos que suelen venir de fuera de la escuela, un profesor tiene mayor calidad si tiene autonomía, si es un intelectual que puede libre pensar y tomar decisiones de las que será responsable, y que se auto evaluará para saber las conveniencias de lo realizado, tendrá calidad si busca aprender más, comprender y mejorar la situación educativa con su labor. Si debe entonces, ser crítico, trabajar cooperativamente, necesitará obligadamente por un lado una formación reflexiva y por otra un apoyo para su autonomía y a su vez para lograr los acuerdos necesarios con los otros actores educativos.

Este blog, intenta entonces desde su humilde participación, poner en conocimiento la necesidad de preparar instituciones y docentes para mucho que no han sido preparados en su momento, una práctica inclusiva, real, basada en la aceptación de la diversidad, y las capacidades diferentes.

Desde ya, deseamos que el material que aquí se publica, y que proviene de diversos países, y contextos sociales, incluyendo el nuestro, sean útiles para generar esos grados de reflexión necesarios y encontrar que nada es imposible, solo diferente, y solo hay que despertar a la realidad.

Prof. Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar.

Nota

Lic. Pedro Roberto Casanova; Discapacidades humanas: el atropello a la dignidad del otro.

“La humanidad, la educación y la libertad. Son bienes preciosos que nunca se pagan demasiado caro, con la sangre, la inteligencia y la dignidad humanas.” (Karl Kraus)

Cuando hablamos de dignidad, hablamos lisa y llanamente de una condición que reviste a todo humano, visto como tal, y que debe acompañarlo desde que nace hasta que muere, y es parte de nuestro deber como parte del género humano, el ayudar a preservarla.

Es entonces un derecho de todos, y a la vez una obligación impostergable el mantener el respeto mutuo, dejar que los demás tengan una vida digna, y no ser parte de ningún ultraje, o humillación hacia ningún otro.

Así, debemos para respetar esta dignidad humana, respetar la autonomía, la libertad y el pensamiento que la otredad nos manifieste. Continuamente y en todo campo, situación y bajo cualquier motivo se ve como se avasalla este derecho propio de todo humano.

Las situaciones pueden ser muchas, y dan origen al racismo, al desprecio por una ideología que se ostente, a una condición física, a ser uno y diferente a la vez, y se manifiestan a través de muchas expresiones negativas hacia el respeto digno de quién se considera no merecedor de ciertas igualdades. Hay muchas formas de maltrato, verbal, físico, psicológico, y también cada uno de estos tienen muchas formas de mostrarse, a veces son directas, otras sutiles, otras ocultas, pero están allí presentes, no dejando ser al otro, queriéndolo obligar a actuar en la forma que se crea conveniente para que “encaje” en lo que según quién, corresponda.

El acoso es múltiple en sus estilos, y afecta a las personas volviéndolas huidizas, tristes, con falta de autoestima. También en las enfermedades, en las capacidades diferentes, a toda edad y tiempo, se ve esta falta de dignidad en el trato que se les brinda.

Sin dignidad, no es posible vivir, porque es fundamental, porque nos hace mejores personas, porque nos permite vivir sintiéndonos a gusto con uno mismo, sentirnos bien con la vida, y entender mejor el entorno, es decir nos ayuda a posicionarnos en la vida.

Es indudable que muchas veces sin darnos cuenta atacamos la dignidad del otro, y a la vez somos atacados, por eso debemos tener cuidado con nuestras actitudes, corremos el riesgo de hacer perder o que perdamos al mismo tiempo nuestra dignidad, y esta es el camino a la felicidad. Sin ella, lo humano se desdibuja.

Entonces, quienes atacan la dignidad de otro, poseen una discapacidad humana, porque si no pueden advertir lo que es parte sustancial de otro ser humano, algo debe ir mal, algo debe ser atendido, algo se debe estar perdiendo.

Despertar, y ver quién es el otro, es obligado para vivir en una sociedad, pero sobre todo es condición necesaria para ser respetado al saber respetar y al entender que no estamos solos, que los demás también existen, sienten y tienen condiciones propias, únicas que tal vez ganaron con mucho esfuerzo en la vida, aunque no sean como queramos, o creemos que deben ser. Despertar, siempre nos ayudará en la realidad.

Prof. Lic. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar.

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Lic. Pedro Roberto Casanova: Impacto de la enfermedad crónica sobre la familia.

Si bien muchos artículos hablan sobre los impactos que reciben los afectados por una enfermedad crónica, entendiendo por esta a un número importante de las mismas, entre las más comunes o conocidas: fibromialgia, epilepsia, autismo, diabetes, paraplejias, y más; pocos artículos hablan sobre cuál es el impacto de la presencia de un enfermo crónico sobre el resto de la familia.

Así como la familia puede afectar en forma positiva o negativa la evolución de la enfermedad, también la enfermedad de uno de sus miembros afecta en forma directa sobre cada una de las esferas de la familia ya sea la física, la afectiva, la económica y/o la social.

Si una familia es un sistema, entonces está formado por diferentes elementos, en los cuales hay que tender al equilibrio, aunque haya períodos de cambio, es necesaria cierta estabilidad.

La presencia entonces de alguien con una enfermedad aguda o crónica puede ser un problema serio tanto en el funcionamiento familiar, como en su composición, puede haber crisis, y afecta muy diferente a cada uno de los miembros de una familia, dependiendo de sus caracteres personales.

La familia debe en forma inevitable encontrar nuevas formas de reorganización, replanteo de expectativas, y adecuación de metas y objetivos.

Hay cambios obligados y otros que son de acompañamiento en muchas actividades, como ser la rutina familiar, hábitos alimenticios, distribución de gastos y actividades laborales y/o sociales.

La distribución del tiempo en cuanto a actividad social, suele determinar disminución o término de interacciones sociales, y esto crea afectaciones físicas y emocionales en los miembros de la familia que se manifiestan en diversas formas, desde el rechazo a la agresión entre los mismos miembros.

Se entiende entonces que esto amenaza la integración familiar como tal, al punto de enfermar a los miembros de la misma, o que se creen numerosos problemas emocionales y psicológicos alternos en cada uno de los mismos según viva la presión que ejerce la presencia de la enfermedad crónica. Así como hay síntomas en los que padecen una enfermedad crónica, también se podrían generar en el resto de los familiares ante las alteraciones, resignaciones o cambio de vida obligada a la que se somete.

Una enfermedad crónica puede sacudir y desestabilizar a una familia entera haciendo aflorar o magnificar los problemas, poniendo a prueba las relaciones de amor existente, y el equilibrio necesario para restaurar en lo posible un sistema plausible de seguir por todos los miembros, por el enfermo y por el que no lo es.

Cuando uno contrae una enfermedad crónica se encuentra como al pie de una montaña inmensa y sin fuerzas, es agobiante el solo pensar en todo lo que hay que escalar, lo sé, pues lo vivo cada día; mas también me obligo a pensar en el resto de los más cercanos a mí y no olvido que de alguna manera los llevo conmigo hacia esa montaña, y me obligo a despertar para recordar que lo más importante es mantener un sistema que no nos enferme a todos, y nos mantenga, en un sentido de vida, y comprensión de las diferentes etapas de la misma.

Al final alguna vieja amiga al morir, me enseñó con sus palabras “veré el mundo con tus ojos”, que si uno quiere siempre puede encontrar un camino mirando a través de los demás, aunque ya no pueda ver para sí mismo.

Intentemos ante una enfermedad crónica entonces, velar por el bien del conjunto y de cada una de sus partes.

Prof. Lic. Pedro Roberto Casanova

Director del Programa Piloto Despertar.

Tiempos de reflexión, y renovación hacia un nuevo año.

Todo año de labor implica altibajos, necesariamente pasamos por momentos malos y buenos, pero cuando estas fechas tan especiales como Navidad y Año Nuevo comienzan a llegar, quien más, quien menos, comenzamos a organizar esos días o para estar en familia, o para realizar balances, o para decirnos que vamos a recomenzar, como si se acercara una nueva oportunidad de corregir o afianzarnos.

Sin dudas es momento de desear buenas cosas, amor, paz, felicidad, es momento de agradecer las cosas buenas que nos hayan pasado, dejar de lado un poco las malas, para centrarnos en las positivas y esperar que podamos tener muchas más y que nosotros mismos podamos generarlas para otros.

La vida implica cuotas de sacrificio, de esfuerzo, de trabajo, necesita mucho de nuestro empeño el lograr algunos éxitos y menos frustraciones, si hemos intentado hacer esto de la mejor forma posible, entonces no ha sido un mal año tal vez solo debamos seguir con más fuerzas aún, aceptar que debemos hacer ciertos cambios.

Vivimos en un mundo que nos despersonaliza si nos descuidamos, somos muchas veces poco más que un número, pero mientras como personas humanas nos procuremos metas, pensemos en crecimientos, busquemos el bien común, humanizaremos nuestro entorno y nuestro accionar personal.

Y estoy seguro que el nuevo año, es una buena oportunidad para intentar seguir en la senda de lo que nos resultó bueno, e insistir en lo que no nos resultó pero seguramente podemos cambiar.

Vamos a despertar, vamos a ver la realidad, vamos a dejar de temerle, y vamos a ir por los objetivos que necesitemos cumplir, con mucho trabajo, con dedicación y con la alegría de saber que tenemos un camino correcto, el éxito a veces ya está logrado con saber justamente eso, que hacemos lo humanamente correcto.

Que la familia se fortalezcan, que quienes trabajen por las capacidades diferentes se renueven y aumenten su número, que quienes portan capacidades diferentes, puedan ver logros y mejores caminos.

Les desea de corazón el equipo del Programa Piloto Despertar, los mejores momentos en esta Navidad, y el mejor año 2015 en vuestro porvenir.

Lic. Prof. Pedro Roberto Casanova

Director Programa Piloto Despertar.

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